martes, 10 de mayo de 2011

¡Señor, danos siempre el pan de vida!


Juan 6 30-35. Pascua. Pidamos la gracias al Señor de aprender a vivir mejor el misterio de la Eucaristía, para que comience así las transformación del mundo.
Autor: Laureano López | Fuente: Catholic.net
Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6 30-35

Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo; es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.

Oración introductoria

Dios mío, tengo necesidad del verdadero alimento espiritual. Me doy cuenta que muchas veces he buscado saciar mi hambre con los banquetes que me ofrece este mundo y me he quedado profundamente hambriento. Señor Jesús, Tú has querido quedarte con nosotros en el sacramento de la Eucaristía, porque sabías que necesitaríamos del alimento de tu Cuerpo para poder caminar en nuestra peregrinación por esta vida. Te ofrezco esta meditación por todos aquellos que viven alejados de ti o que no han descubierto el tesoro de la Eucaristía, que es el pan de la vida espiritual.

Petición

Señor, mi alma está hambrienta de ti, te pido que me reconfortes con el pan de la Eucaristía.

Meditación

“La Eucaristía sólo es completa, si el agape litúrgico se convierte en amor cotidiano. En el culto cristiano, las dos cosas se transforman en una, el ser agradecidos por el Señor en el acto de culto y el cultivo del amor respecto al prójimo (...) Pidamos la gracias al Señor de aprender a vivir cada vez mejor el misterio de la Eucaristía, de manera que comience así las transformación del mundo” (Homilía del Santo Padre en la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, 9 de abril de 2009).

Reflexión apostólica

Cristo nos invita a alimentar nuestra alma con la recepción frecuente de la Eucaristía, el Pan que ha bajado del cielo por manos del sacerdote durante la Misa. La recepción de este alimento espiritual no nos puede dejar indiferentes, sino que su acción transformativa que obra en nuestro interior nos debe llevar a invitar a muchas otras personas a nutrirse del pan de la Eucaristía. Esto solo será posible si aprendemos a amar a nuestro prójimo. El testimonio personal de vida cristiana ayudará a que mucha gente quiera acercarse a la Iglesia y, con ello a la recepción de los sacramentos. Por ello el Papa invita a todos los cristianos a vivir de la Eucaristía, pues es el único camino posible para la transformación de la sociedad.

Propósito

Buscaré acercarme a recibir la Comunión durante este día, participando en alguna misa.

Diálogo con Cristo

Jesús, gracias por quedarte conmigo y alimentarme con tu propio Cuerpo. Que la recepción de este Pan de vida, me ayude a convertirme en un verdadero apóstol eucarístico, buscando acercarme con mayor frecuencia a recibirte en la comunión y a dar un mejor testimonio de vida cristiana.


Es la Iglesia la que hace la Eucaristía; pero es también la Eucaristía la que hace la Iglesia (Henri de Lubac)

lunes, 9 de mayo de 2011

Si me dejo envolver por Ti


Sólo cuando deje a Dios ser mi Amigo, mi Redentor, me abriré a las dimensiones más hermosas y alegres de la existencia humana.
Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

¿La enfermedad más insidiosa? Construir la propia vida desde mí o desde aquello que está a mi alcance. Pensar que yo decido y yo actúo. Creer que el cambio está en mis manos. Confiar en que encontraré en este mundo el auxilio necesario para llevar a cabo todos mis deseos y proyectos.

Es una enfermedad, porque me hace centrarlo todo en este mundo contingente, frágil, pasajero; porque me hace suponer que soy autosuficiente o que basta con recibir la ayuda de quienes viven a mi lado.

Ciertamente, hay muchas personas buenas junto a mí, he encontrado mil manos amigas que me han levantado y sostenido en mi camino. Pero nadie puede llegar a lo más íntimo de mi alma, ni limpiar ese desorden profundo que me encierra en la soberbia, en la codicia, en los rencores, en la sed de actividad o de diversiones superficiales y egoístas.

Desde esa enfermedad, cierro los ojos del alma a las mil señales que Dios me lanza. Porque el único médico que puede lavarme del pecado es Cristo. Porque sólo la muerte no es un absurdo si Alguien nos espera más allá de la frontera. Porque las flores, los jilgueros y los ancianos viven y reflejan cariño porque han sido antes cuidados, de manera tierna y constante, por las manos del Dios bueno.

Por eso, para salir de mis enfermedades, para romper con la soberbia, para aprender el humilde y magnífico camino del servicio, necesito dejarme envolver por Ti.

Sólo cuando Te deje ser mi Amigo, mi Redentor, mi Dios, me abriré a las dimensiones más hermosas y más alegres de la existencia humana. Sólo cuando acoja tus palabras, tus susurros, tus silencios, estaré listo para iniciar una vida nueva. Sólo cuando Te deje rodearme con tus manos heridas descubriré que toda vida puede salir del fango del pecado y entrar en el mundo, magnífico, de la misericordia divina...

El alimento que permanece para la vida eterna


Juan. 6,22-29. Pascua. Ayúdame Señor a buscarte a Ti como único alimento que permanece para la vida eterna.
Autor: Víctor Alejandro Ramírez | Fuente: Catholic.net
Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6,22-29

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado».

Oración introductoria

Ilumina Señor mis pasos con tu palabra para que camine siempre por tus sendas. No dejes que convierta los medios en fines ni que pierda la conciencia de que sólo Tú eres el alimento que necesita mi alma en este peregrinar hacia el cielo. Te ofrezco esta meditación por todos aquellos hombres que sumergidos en las necesidades materiales no pueden levantar la vista hacia Ti.

Petición

Ayúdame Señor a buscarte a Ti como único alimento que permanece para la vida eterna.

Meditación

La vida del hombre, más allá de las necesidades materiales, adquiere su sentido más profundo en la búsqueda de la vida eterna. Esta conciencia de que sólo Dios puede saciar las inquietudes más íntimas del hombre, nos recuerda la fugacidad de nuestro paso por este mundo evitando que seamos víctimas de ilusiones fugaces.

Buscar a Dios porque es Dios y no sólo porque nos puede dar algo, es una actitud noble del hombre que sabe que las cosas pasajeras jamás le llevarán a una felicidad plena. “La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en Él. Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres y a su existencia personal” (Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2011)

Reflexión apostólica

Nuestra vida transcurre entre momentos de paz y de angustia, de alegría y de lágrimas, de bonanza y de necesidad. Una tendencia común es acordarse de Dios sólo en los momentos difíciles cuando necesitamos algo. Sin embargo, Dios nos espera con los brazos abiertos en todo momento, en cualquier circunstancia.

Busquemos acercarnos a Él no sólo en el dolor sino también en la paz y la alegría de cada día para agradecerle lo que tenemos o simplemente para compartir con Él pequeños momentos de amistad y de cariño, como lo hacemos con un hermano o con un padre. No reduzcamos nuestro trato con Dios a simples peticiones. Dios quiere concedernos lo que le pedimos pues conoce nuestras necesidades, pero además de esto, quiere estar con nosotros, simplemente estar con nosotros dialogando de las pequeñas cosas que nos ocurren cada día.

Propósito

Antes de acostarme agradecer a Dios con una pequeña oración el día que nos ha regalado y pedirle fuerzas para vivir cristianamente el día siguiente.

Oración con Cristo

Señor Jesús, que cuando te busque no sea sólo para pedirte por mis necesidades inmediatas sino porque quiera estar contigo como un amigo. Enséñame a apreciar tu compañía y a buscarte en todos los momentos de mi vida. Que sepa prescindir de mis planes y cálculos humanos para abandonarme confiadamente en tus manos y dejarme guiar por tu providencia hasta el cielo, mi destino último.


“Si tienes afecto desordenado a los bienes presentes, perderás los del cielo... No puedes llenarte con ningún bien temporal, porque no fuiste creado solamente para gozarlos.” (Tomás de Kempis. La imitación de Cristo Libro III, Capítulo 16)

domingo, 8 de mayo de 2011

En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra


El aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas.
Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net


Queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo:

La mañana de Pascua nos ha traído el anuncio antiguo y siempre nuevo: ¡Cristo ha resucitado! El eco de este acontecimiento, que surgió en Jerusalén hace veinte siglos, continúa resonando en la Iglesia, que lleva en el corazón la fe vibrante de María, la Madre de Jesús, la fe de la Magdalena y las otras mujeres que fueron las primeras en ver el sepulcro vacío, la fe de Pedro y de los otros Apóstoles.

Hasta hoy -incluso en nuestra era de comunicaciones supertecnológicas- la fe de los cristianos se basa en aquel anuncio, en el testimonio de aquellas hermanas y hermanos que vieron primero la losa removida y el sepulcro vacío, después a los mensajeros misteriosos que atestiguaban que Jesús, el Crucificado, había resucitado; y luego, a Él mismo, el Maestro y Señor, vivo y tangible, que se aparece a María Magdalena, a los dos discípulos de Emaús y, finalmente, a los once reunidos en el Cenáculo (cf. Mc 16,9-14).

La resurrección de Cristo no es fruto de una especulación, de una experiencia mística. Es un acontecimiento que sobrepasa ciertamente la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio. Es una luz diferente, divina, que ha roto las tinieblas de la muerte y ha traído al mundo el esplendor de Dios, el esplendor de la Verdad y del Bien.

Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto.

Por eso, todo el universo se alegra hoy, al estar incluido en la primavera de la humanidad, que se hace intérprete del callado himno de alabanza de la creación. El aleluya pascual, que resuena en la Iglesia peregrina en el mundo, expresa la exultación silenciosa del universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.

"En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra".

A esta invitación de alabanza que sube hoy del corazón de la Iglesia, los "cielos" responden al completo: La multitud de los ángeles, de los santos y beatos se suman unánimes a nuestro júbilo. En el cielo, todo es paz y regocijo.

Pero en la tierra, lamentablemente, no es así. Aquí, en nuestro mundo, el aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy. Por eso, mi mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad, la justicia y la paz.

(...)

Que pueda alegrarse la Tierra que fue la primera en quedar inundada por la luz del Resucitado.

Se alegren los cielos y la tierra por el testimonio de quienes sufren contrariedades, e incluso persecuciones a causa de la propia fe en el Señor Jesús. Que el anuncio de su resurrección victoriosa les infunda valor y confianza.

Queridos hermanos y hermanas. Cristo resucitado camina delante de nosotros hacia los cielos nuevos y la tierra nueva (cf. Ap 21,1), en la que finalmente viviremos como una sola familia, hijos del mismo Padre.

Él está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Vayamos tras Él en este mundo lacerado, cantando el Aleluya. En nuestro corazón hay alegría y dolor; en nuestro rostro, sonrisas y lágrimas. Así es nuestra realidad terrena. Pero Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Por eso cantamos y caminamos, con la mirada puesta en el Cielo, fieles a nuestro compromiso en este mundo.

Feliz Pascua a todos.

Mensaje de Pascua que Benedicto XVI dirigió desde el balcón central de la Basílica de San Pedro del Vaticano a mediodía del Domingo de Resurrección.

Los discípulos de Emaús


Lucas 24, 13-35. Pascua. Puede pasarnos lo mismo que a los discípulos de Emaús: nosotros esperábamos... Dios, padre bondadoso nos enseña el camino de salvación eterna.
Autor: H. Alfonso Blanca | Fuente: Catholic.net
Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.» El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

Oración introductoria

Señor quiero ponerme en tu presencia, quiero estar delante de ti, necesito estar contigo. Esta vez no vengo a hablarte, vengo a escucharte. Dame fe para oir tu palabra, aceptarla y vivirla. Anima mi esperanza y enciende mi corazón con tu amor para que pueda vivir según tu Corazón.

Petición

Señor, que descubra tu presencia en cada paso del camino de mi vida.

Meditación

«Queridos amigos, Dios ciertamente marca la diferencia... Más aún, Dios nos hace diferentes, nos renueva. Ésta es la promesa que nos hizo Él mismo: "Ahora hago el universo nuevo" (Ap 21,5). Y es verdad. Lo afirma el Apóstol San Pablo: "El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo" (2 Co 5,17-18). Al subir al cielo y entrar en la eternidad, Jesucristo ha sido constituido Señor de todos los tiempos. Por eso, Él se hace nuestro compañero en el presente y lleva el libro de nuestros días en su mano: con ella asegura firmemente el pasado, con el origen y los fundamentos de nuestro ser; en ella custodia con esmero el futuro, dejándonos vislumbrar el alba más bella de toda nuestra vida que de Él irradia, es decir, la resurrección en Dios[...]

Pienso en tantas lágrimas que muchos de vosotros habéis derramado por la pérdida de vuestros familiares, y no es difícil imaginar las sombrías nubes que aún cubren el cielo de vuestros mejores sueños... Leo en vuestro corazón una duda que me planteáis: "Esto es lo que tenemos. Lo que nos dices, no lo vemos. La promesa tiene la garantía divina - y nosotros creemos en ella - pero ¿cuándo se alzará Dios para renovar todas las cosas?". Jesús responde lo mismo que a sus discípulos: "No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí». (Discurso del Papa a los jóvenes de Angola, 21 de marzo de 2009)

Reflexión apostólica

A lo mejor en tu vida todo va bien: en la casa, en los estudios, en el trabajo, con los amigos, no hay ningún problema, incluso rezas y vas a misa los domingos, hasta que algo pasa: una sacudida fuerte en la vida, puede ser una enfermedad, una dificultad en la familia, la muerte de un ser querido. Todo se derrumba, todo se ve oscuro, sin salida y sólo nos preguntamos ¿Por qué?

Puede pasarnos lo mismo que a los discípulos de Emaús: nosotros esperábamos...

Ojalá que no se nos olvide que Dios, padre bondadoso y maestro sapientísimo, nos enseña que el camino de salvación eterna es el que Él mismo recorrió en la tierra: cargó su cruz, subió al monte y murió crucificado. Esa cruz es el sello del cristiano.

La vida no es fácil, afrontar los problemas y las dificultades, la tristeza y la desilusión es algo muy difícil si se está solo. Pero en este camino de nuestra vida, Cristo se acerca para acompañarnos, para caminar con nosotros, es más, viene para quedarse con nosotros en la Eucaristía, justo donde lo reconocieron los discípulos de Emaús.

Propósito

Participaré con más frecuencia en la santa misa y comulgaré para dejar que Cristo me acompañe en mi caminar.

Diálogo con Cristo

Ahora sé, Jesús, que estás junto a mí y que caminas conmigo. Quiero pedirte que no me abandones para que en mi vida brille siempre la luz de la esperanza, de la alegría y de la felicidad que sólo tiene quien se sabe amado y acompañado por ti.

“Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo”. (Benedicto XVI, Spe salvi, 37)

sábado, 7 de mayo de 2011

Con Maria, durante la Pascua


Feliz Pascua para ti, recibe de tu Madre un abrazo grande, apretado, intenso y todo mi amor, hijo de mi alma.
Autor: María Susana Ratero | Fuente: Catholic.net




- María Santísima, acabamos de celebrar el domingo de Pascua de Resurrección y seguimos en la Pascua... el sol brillaba de una manera especial en esse día, ... al menos así lo sintió mi alma.

- Pues me alegras el alma. Esto me recuerda mi primera fiesta de Pascuas de Resurrección...

- Cuéntame, Señora...

- Verás, era el tercer día después de la muerte de mi Hijo, María Magdalena y las demás mujeres me pasaron a buscar para ir al sepulcro antes del amanecer... llevaban perfumes y estaban muy tristes... yo, en el fondo de mi alma, sentía una profunda paz, recordaba las palabras de mi Hijo... no sabía exactamente que sucedería, pero tenia la certeza de que Algo iba a cambiar la historia.

- ¿No les comentaste nada a ellas?

- No, existen caminos que cada uno debe recorrer por sí mismo... ellas lo entenderían cuando Jesús dispusiera que así debía ser. Al llegar al sepulcro el corazón les dio un salto, pues la piedra de la entrada estaba corrida. Entraron ellas al recinto y me dijeron que estaba vacío, yo quedé fuera... no necesitaba mas explicaciones, podía sentir la presencia de mi Hijo, mas, no le veía. Me alejé unos pasos... cuando volví al lugar donde estaba María Magdalena allí le vi, con ella... pero no quise acercarme... Jesús la consolaba, le pedía que avisara a sus Apóstoles...... ella... tenía el rostro radiante, hizo lo que Él le pedía, vino junto a mí, nos miramos, ella me tomo las manos y, junto a las demás, nos fuimos rápidamente a la casa donde estaban los hombres... yo, a veces, giraba mi rostro, esperando verle, mas ya había partido...

- Señora ¿Por qué no a ti? Quiero decir, porque no te visitó especialmente a ti, que eras su madre...

- Porque, amiga, mi Jesús conocía mi corazón, sabía que yo le esperaba, en cambio, los apóstoles y las demás mujeres estaban desesperados, la Iglesia primitiva estaba sumida en la mas profunda tristeza, su Esposa, la Iglesia, le necesitaba imperiosamente, por ello, hija, es que el buen Esposo corrió a consolarla, el Esposo sería ahora, mas que nunca Camino Verdad y Vida. Pero no te preocupes, nos encontramos Jesús y yo...

- ¿Cuándo?

- Cuando Él se presentó en la casa mientras las puertas estaban cerradas... unos segundos antes de que entrara percibí un intenso perfume, exquisito, desconocido, un perfume de eternidad... mi corazón latía fuerte.... Estaba cocinando, escuché entonces la voz conocida, la voz amada : “La paz esté con ustedes”... había llegado, el Hijo, el Mesías, el Cristo... me acerqué... escuché todas y cada una de sus palabras... los hombres estaban tan admirados que no cabían en sí... yo tenía muchas ganas de abrazarle.... Antes de salir se volvió hacia mí... me miró con todo el amor a que me tenía acostumbrada... fue una mirada intensa, profunda, que valió mas que mil palabras... sus ojos parecían repetir: "Mujer, aquí tienes a tus hijos" le vi partir, había ángeles con Él, por un momento me pareció ver el rostro de Aquel que me lo había anunciado...

- ¿Y luego?

- Luego, luego era el comienzo de la Misión de la Iglesia, el primer instante: "Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Noticia a toda la Creación", la casa era un estallido de alegría, los hombres se abrazaban, unos lloraban, otros cantaban, algunos, terminaban pidiendo silencio por temor a los soldados, luego, Pedro, pidió calma y les dijo: "Hermanos, nuestras Pascuas serán, de aquí en mas, Pascuas de Resurrección, el paso de la muerte a la vida... de nosotros, de cada uno de nosotros, depende que este día no sea olvidado, que el significado de este día sea, para todos los pueblos, signo de esperanza, motivo de fe, fuerza en las pruebas..... de nosotros depende ... Jesús nos acompañará, hasta el fin de los tiempos, pero es nuestra responsabilidad, sostenernos unos a otros en el dolor, consolarnos en las tribulaciones, alentarnos en las pruebas que nos esperan, en resumen, ser Uno... que cuando el mundo nos vea, nos reconozca por el Amor, que puedan decir, por nuestra actitud "son seguidores de Cristo... Son Cristianos".

- "Cristianos" La primera vez que se pronunciaba ¿verdad, Señora?

- Así es, amiga, el corazón y el alma de todos se estremeció al oír la dimensión de esta palabra... Cristianos... Cristianos... quedaba ahora el esperar a la venida del Espíritu Santo...como Jesús mismo lo había prometido... pero esta era otra clase de espera... Comimos todos con inmensa alegría... y alguno de ellos dijo “Felices Pascuas, Amigos” y todos se saludaron... sí, Felices Pascuas amiga mía, Felices Pascuas para todos, también Felices Pascuas para ti, que has leído estas líneas, recibe de esta madre un abrazo grande, apretado, intenso y todo mi amor, hijo de mi alma. Todo mi amor en cada instante de tu vida, no dudes, hijo querido, en buscarme en tu tristeza, en tu alegría, en tu dolor, porque, en toda circunstancia, soy tu madre...

Jesús camina sobre el agua


Juan 6, 16-21. Pascua. Jesús, me acerco a ti porque soy débil y ante la tempestad tengo miedo.
Autor: José Juan Galindo | Fuente: Catholic.net
Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 16-21

Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. Él les dijo: «Soy yo, no teman». Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.

Oración introductoria

Señor Jesús, ven a nuestro encuentro en los momentos de turbación y de lucha cuando nuestra barca azotada por las olas y sacudida por el viento parece hundirse. Ven a salvarnos. Aumenta nuestra fe, danos la fuerza y la confianza para esperar tu ayuda en los momentos de prueba y de turbación. Gracias por amarnos tanto que viniste a salvarnos del pecado, que vienes cada día a nuestra barca para calmar nuestras tempestades y hacernos tocar la tierra de la paz interior. Te pido en esta meditación por todos los que sufrimos tempestades. Danos tu gracia Señor.

Petición

Señor, ayúdanos a confiar en ti, danos fortaleza y valor en la tempestad.

Meditación

“Y son tales las tribulaciones que también aquellos que han creído en Jesús, y que se esfuerzan por perseverar hasta el final, se asustan y tienen miedo de perecer. Cristo viene caminando sobre las aguas, pisando las ambiciones y la altanería del mundo, y el cristiano tiene miedo. ¿Quizá porque esto no estaba predicho? Es comprensible que los discípulos viendo a Jesús caminar sobre las aguas tengan miedo, así como los cristianos, no obstante su esperanza en el mundo futuro, cuando ven humillada la grandeza de este mundo se llenan de turbación por la caída de las cosas humanas. Si abren el evangelio, si abren las escrituras verán que todo eso fue predicho y que el Señor se comporta así. Él humilla la soberbia del mundo para ser glorificado por los hombres. Destruirá ciudades solidísimas, los enemigos serán dispersados, serán ruinas eternas y has destruido la ciudad (Sal.9,7). ¿Por qué teméis, oh cristianos? Cristo os dice: Soy yo no temáis. ¿Qué cosa os asusta? ¿De qué tenéis miedo? Soy yo quien lo ha predicho todo esto, soy yo quien lo cumple, y es necesario que ocurra así: ¡Soy yo no temáis!” (San Agustín Comentario al Evangelio de Juan)

Reflexión apostólica

“Cuántas veces nuestra vida se parece a esa barca "zarandeada por las olas a causa del viento contrario". La barca zarandeada puede ser el propio matrimonio, los negocios, la salud... El viento contrario puede ser la hostilidad y la incomprensión de las personas, los reveses continuos de la vida, la dificultad para encontrar casa o trabajo. Quizá al inicio hemos afrontado con valentía las dificultades, decididos a no perder la fe, a confiar en Dios. Durante un tiempo nosotros también hemos caminado sobre las aguas, es decir, confiando únicamente en la ayuda de Dios. Pero después, al ver que nuestra prueba era cada vez más larga y dura, hemos pensado que no podíamos más, que nos hundíamos. Hemos perdido la valentía.
Este es el momento de acoger y experimentar como si se nos hubieran dirigido personalmente a nosotros las palabras que Jesús dirigió en esta circunstancia a los apóstoles: "¡Ánimo!, que soy yo; no temáis".” (P. Raniero Cantalamessa, OFM viernes, 8 agosto 2008)

Propósito

Examinar alguna virtud que me cueste vivir, alguna dificultad que tenga y pedirle al señor especial fuerza para que me ayude a superarla.

Diálogo con Cristo

Jesús, me acerco a ti porque soy débil y ante la tempestad tengo miedo. Aumenta mi confianza en ti que caminas sobre las aguas y me dices que no tenga miedo. Aumenta tú mi fe y dame la gracia de confiar plenamente en ti.


“La soledad tiene sus asaltos, el mundo tiene sus peligros; en todas partes es necesario tener buen ánimo, porque en todas partes el Cielo está dispuesto a socorrer a quienes tienen confianza en Dios, a quienes con humildad y mansedumbre imploran su paternal asistencia”
(San Francisco de Sales, Carta a su hermana, Epistolario,761).